Nos Encuentra en
Calle Cruz Verde n. 15
Santa Cruz de Tenerife, 38003
La tinta sepia y la iron gall son las más antiguas del mundo occidental. Aprende su historia, composición y cómo usarlas con seguridad en tu pluma.

Si hay dos tintas que resumen toda la historia de la escritura occidental, esas son la tinta sepia y la tinta iron gall. Una extraída del molusco cefalópodo, la otra destilada de agallas de roble y sales de hierro: dos fórmulas milenarias que han sobrevivido siglos de innovación tecnológica y siguen fascinando hoy a quienes buscan autenticidad en su escritura. En Segni D’Arte trabajamos con ambas y queremos contarte todo sobre ellas.
La tinta de nuez de agalla —iron gall en inglés— fue la tinta dominante en Europa desde la Edad Media hasta el siglo XIX. Se obtiene combinando el tanino de las agallas del roble (excrecencias producidas por insectos en la corteza del árbol) con sulfato ferroso y una goma aglutinante como la goma arábiga. El resultado es una tinta que, al principio, es azul-grisácea y casi transparente, pero que se oscurece progresivamente al contacto con el oxígeno hasta obtener el negro intenso y permanente característico de los manuscritos históricos.
Entre sus ventajas: es extremadamente duradera, resiste la luz y el agua mucho mejor que las tintas de colorante, y penetra en las fibras del papel en lugar de depositarse sobre ellas. Entre sus inconvenientes: su acidez puede deteriorar el papel a largo plazo (lo que explica la fragilidad de muchos manuscritos medievales) y puede corroer los componentes metálicos de plumas antiguas si no se limpia con regularidad.
Las tintas iron gall modernas de marcas como Rohrer & Klingner, Diamine o Manuscript han reducido significativamente la acidez respecto a las recetas históricas, haciéndolas seguras para el uso en estilográficas. La regla de oro es limpiar la pluma al menos cada dos semanas si usas esta tinta. Con ese mantenimiento mínimo, una iron gall moderna puede usarse sin problema en la mayoría de plumas vintage en buen estado.
La tinta sepia original se extraía de la bolsa de tinta de la jibia (Sepia officinalis). Su color cálido, entre el marrón dorado y el ocre oscuro, es el que reconocemos en millones de fotografías y documentos del siglo XIX. La sepia fue muy usada por artistas y dibujantes —los bocetos de maestros como Rembrandt o Leonardo presentan esa tonalidad característica— y también por escribas y notarios que querían un registro diferenciable de otros documentos.
Hoy la tinta sepia de escritura se reproduce con colorantes orgánicos o extractos naturales que imitan el tono original. Su pH es generalmente neutro o ligeramente alcalino, lo que la hace muy segura para cualquier tipo de pluma. Además, su aspecto envejecido le otorga un carácter inigualable para cartas, diarios y caligrafías decorativas.
No es recomendable mezclarlas en el mismo frasco, ya que sus composiciones químicas distintas pueden generar precipitados. Si quieres explorar tonos intermedios, hazlo en una pluma limpia y lava bien antes de cambiar.
Sí, con el tiempo el tono evoluciona hacia negros o marrones profundos. La intensidad final depende de la formulación específica de cada marca.
En Segni D’Arte mantenemos stock de ambos tipos y podemos orientarte sobre la más adecuada para tu pluma y tu uso. Consúltanos sin compromiso.
Visítanos en Segni D’Arte, Calle Cruz Verde 15, Santa Cruz de Tenerife, y prueba estas tintas históricas que han dado forma a siglos de escritura. Descubre toda nuestra selección en la tienda online o consulta directamente la colección de tintas disponibles.