Nos Encuentra en
Calle Cruz Verde n. 15
Santa Cruz de Tenerife, 38003
La estatua que adorna tu hogar tiene siglos de historia detrás. Un viaje fascinante desde los exvotos griegos hasta las figuras de coleccionista contemporáneas.

Antes de que la estatua llegara al salón, estaba en el templo. Antes de que el templo existiera, estaba en la mano del primer homo sapiens que talló una Venus de piedra en el Paleolítico Superior. La historia de la estatuaria decorativa es, en realidad, la historia de la necesidad humana de dar forma a lo invisible: lo sagrado, lo bello, lo querido. En Segni D’Arte vivimos rodeados de ese legado cada día.
Las primeras figuras tridimensionales no eran decorativas en el sentido moderno: eran rituales. Las Venus paleolíticas de Willendorf o Laussel representaban la fertilidad de la tierra y de la mujer. En Grecia y Roma, los exvotos —pequeñas figuras de terracota o bronce— se depositaban en los templos como ofrendas a los dioses. La función estética era secundaria respecto a la religiosa.
Fue en el mundo griego clásico donde la escultura comenzó a tener una doble vida: pública (los grandes programas escultóricos de templos y ágoras) y privada (las statuettes de bronce y terracota que adornaban las casas aristocráticas). Roma heredó y amplió esta tradición: el atrio romano, corazón de la domus, era impensable sin sus bustos de antepasados y pequeñas figuras de lares y penates.
Durante la Edad Media, la figura escultórica doméstica es mayoritariamente religiosa: Vírgenes de marfil, crucifijos de madera, santos patronos de taller. El Renacimiento italiano cambia el paradigma: los médici y los burgueses florentinos coleccionan estatuillas de bronce con temas mitológicos, inaugurando el coleccionismo de arte como práctica social.
La Revolución Industrial democratiza la estatuaria. Las manufaturas de porcelana —Sèvres, Meissen, la Real Fábrica del Buen Retiro en Madrid— producen figuras para la nueva burguesía. El siglo XIX, con su historicismo ecléctico, mezcla estilos con entusiasmo: grecorromano, gótico, oriental, todo convive en la vitrina victoriana.
El Art Nouveau y el Art Déco elevan la figura decorativa a obra de arte autónoma. Bronistas como Chiparus o Preiss crean piezas que hoy alcanzan precios astronómicos en subastas. Tras la Segunda Guerra Mundial, la producción masiva convive con la artesanía de autor, y en el siglo XXI el coleccionismo democratizado por internet crea un mercado vibrante donde la pieza rara puede encontrarse a un clic —o a un paso de la Calle Cruz Verde.
Los elementos que determinan el valor son la autoría o la manufactura, el material, el estado de conservación, la rareza y la documentación de procedencia. Para piezas con posible valor significativo, recomendamos consultar a un tasador especializado.
Absolutamente. Una réplica bien ejecutada es en sí misma un objeto artesanal valioso. La diferencia es que su valor es decorativo y cultural, no de mercado anticuario.
Además de visitar museos, en Segni D’Arte somos felices contando la historia de cada pieza a quien nos visita. Es parte de lo que nos distingue de una tienda de decoración convencional.
Explora este apasionante legado en nuestra tienda online o visítanos en persona en Calle Cruz Verde 15, Santa Cruz de Tenerife. La colección de modelos y estatuas espera tu mirada curiosa.